LOS QUE CAUSAN DIVISIONES

La separación de Pablo y Bernabé no fue un ejemplo de nada. Fue un capítulo bochornoso en el ministerio de dos grandes hombres que no quisieron renunciar a sus opiniones, no cedieron un centímetro y no dieron el brazo a torcer respecto a lo que cada uno pensaba que se tenía que hacer con el discípulo Marcos. No fue una simple discusión, dice el texto que "hubo tal desacuerdo", es decir fue un escándalo que terminó en que dos consiervos inseparables, se separaran. Y se salieran con la suya. Bernabé se llevó a Marcos y Pablo a Silas. Faltaba más! La obra continuó y la Palabra corrió de todos modos. Pero es difícil creerle a Pablo cuando le dice a los Efesios que deben ser "solícitos en guardar la unidad del Espíritu", a menos que, como parece, haya aprendido su lección y que esté profundamente arrepentido. Luego de eso y quizás todavía dolorido por su propia actitud, y enojado al ver lobos disfrazados de ovejas, el apóstol le enseña a los Romanos: "Los que causan divisiones no sirven a Cristo, sino a sus propios intereses." Y va más lejos al aconsejarles "Manténganse alejados de ellos". (Rom.16: 17-20) Es raro que un Dios que siempre nos habla de acercanos, ahora sea tan enfático en decir que de los que causan divisiones hay "que apartarse". A los Corintios por su parte les dice: “Os ruego... que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.” (1 Cor. 1: 10) En el Getsemaní (Juan 17: 11-21) Jesús fue insistente en su oración al Padre para que "guardara" a los discípulos para que fueran "uno". Pero no está hablando de amistad o complicidad. No, él específica qué clase de unidad quiere: "como tú y yo somo uno". Jesús oró para que seamos uno, y todo lo que rompe el uno, es un espíritu contrario a Cristo.

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