EL DESAFIO DE SER UN PASTOR

Hace algunos días y raíz de un post que escribí en Facebook sobre el suicidio en los pastores, algunas personas se rasgaron las vestiduras diciendo “cómo puede ser eso” y otras expresiones de juicio e ironía. En verdad, una de las características de las redes sociales es la crudeza y agresividad con que algunas personas reaccionan al comentar sobre diversos temas. El teclado aguanta todo y por medio de él a veces decimos lo que en persona nunca diríamos. Pero ese no es el tema de hoy. Expresar incredulidad y juicio acerca de una situación tan delicada confirma una de mis preocupaciones: el concepto que tenemos de un pastor o líder espiritual como un ser superior, incapaz de sentir emociones, cansarse o exprimentar frustración. Recuerdo hace tiempo y allá lejos, cuando yo era un joven pastor recién nombrado la expresión de asombro de una mujer cuando llegó a mi casa y me vió vestido de “civil”, es decir de pantalones jeans y remera de manga corta. Ella dijo: “Pastor, nunca pensé que en su casa no se ponía corbata!” Los pastores también son personas, y el suicidio es una plaga que aunque estuvo escondida mucho tiempo, afecta a una gran cantidad de gente en todo el mundo. Según cifras de 2015 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada año se suicidan casi 1 millón de personas. Esto viene a significar un suicidio cada 30 segundos. Como en todas las enfermedades, dicen los expertos que la prevención se logra con información.
Muchas de las cosas que menciono al referirme a los pastores, se pueden aplicar perfectamente a otras profesiones. Todos estaremos de acuerdo que ser pastor hoy en día es un oficio para el cual hay que tener un llamado, pero que tener un llamado no significa que va a ser un trabajo fácil. Algunos observadores ubican al pastor entre las 5 profesiones más expuestas al estrés y a las presiones. Sólo precedida por policías, médicos de emergencia, pilotos de aviones y bomberos. Estadísticas recientes de investigadores cristianos como el Barna Research Group, Fuller Institute, Pastoral Care Inc. y Tom Rainer, indican que más de la mitad de los pastores dejan su iglesia antes de los 4 años, debido a un sistema de alta rotación por parte de sus denominaciones o por su propios sentimientos de fracaso y decepción a causa de pobres resultados. Los mismos estudios indican que un pastor de una iglesia local en general, no verá un punto de explosión y crecimiento hasta algún momento entre el 6º y el 7º año. En otras palabras un alto número de pastores dejan su ministerio antes de ver los frutos de su tarea. El trabajo de un pastor como guía, líder espiritual, consejero y maestro es un trabajo muy noble y necesario. A la vez es subestimado en muchas sociedades, especialmente en América Latina, donde el catolicismo impuso fuertemente ciertos patrones clericales. A diferencia de otros grupos religiosos, un pastor cristiano también está llamado a ser administrador, director de proyectos, líder comunitario, publicista, organizador de eventos, recaudador de finanzas y comunicador social. Todos roles cada vez más necesarios en una sociedad vertiginosa y compleja como la que vivimos hoy. La iglesia no puede ser una institución cerrada, aislada de la comunidad y debe tomar la iniciativa para cumplir su ministerio en la sociedad. Ello convierte al pastor en una especie de CEO o director general de una institución que aunque es espiritual, debe producir un impacto y una influencia en su ciudad o nación. Los pastores, formados en el cálido y seguro ambiente de los Seminarios Teológicos, sienten la presión. Una gran cantidad de desafíos que tienen que enfrentar en su trabajo cotidiano, requieren una serie de habilidades y recursos que no siempre se reciben en el Seminario. Desafíos en áreas como liderazgo, formación de equipos, gerencia de presupuestos, relaciones interpersonales y el tsunami de la tecnología. Deben soportar también la presión de temas candentes y controversiales acerca del matrimonio, la familia y la sexualidad. La verdad es que muchos de nuestros pastores no están preparados y lo que es peor: están solos. Además de las presiones externas, a las que habría que sumar liderar la vida en armonía de la congregación, están las presiones internas. Muchos pastores, al igual que en otras profesiones, están obsesionados por los resultados. Todos quieren ver crecer su iglesia, aumentar su alcance en la comunidad, construir un edificio más grande, avanzar en todos los sentidos de acuerdo a varas de medir muchas veces auto impuestas e injustas. Comparar su congregación promedio con la mega iglesia que sale por TV puede llegar a ser una comparación muy injusta. Los pastores constituyen además el soporte de las estructuras denominacionales. Todo el llamado “sistema” de una organización eclesiástica ha estado apoyado por mucho tiempo en las iglesias o congregaciones locales. Hoy día los pastores también sienten esa presión. Ya decían los apóstoles en el libro de los Hechos, nosotros no podemos hacer todo, necesitamos ayuda. Hoy día los pastores parecen ser piezas de una maquinaria que debe funcionar bien, pero que no puede funcionar bien si esas piezas no reciben un adecuado, intencional y constante mantenimiento y atención. Si las denominaciones persisten en sus objetivos de ser organizacines de impacto e influencia en el mundo, deben poner atención al cuidado y protección de los pastores. Ellos están en la primera línea de combate en cada villa, pueblo o ciudad donde hay una iglesia local. Ellos dan la cara cada día ante las necesidades de la gente, ellos escuchan cada semana el gemido de dolor de individuos y familias que sufren y padecen los males de este siglo. Ellos tienen que buscar la guía y dirección del Espíritu Santo para pararse cada Domingo y predicar un sermón relevante a la realidad de las personas donde ministran. Los pastores necesitan ayuda. Todo tipo de ayuda. No sólo mejores salarios, sino cuidado pastoral. Como hacían los viejos supervisores o presbísteros de antes. Ellos venían a visitar a mi padre que era pastor y antes de preguntarle nada, abrían el refrigerador. Ahí sacaban un cuadro de situación del pastor, su familia y ministerio. Pero también los pastores necesitan un mentor. Viven un sinfín de situaciones y muchas veces no tienen a quién preguntarle… Las oficinas y agencias denominacionales tienen que ser una fuente de recursos para los pastores. La estructura tiene que estar al servicio de las congregaciones y no al revés. Ya lo decía Bill Gates cuando era presidente de Microsoft: el mayor capital de una organización es su gente. Sometidos a las presiones de la gente, de sus jefes y de sí mismos, muchos pastores colapsan emocionalmente. Fantasmas reales o imaginarios (o debería decir demonios) de fracaso, frustración, desánimo y agotamiento empujan a estos hombres apasionados por el ministerio, por Dios y por la gente, a pozos de depresión. Muchos piensan que no están recibiendo los resultados que merecen por el sacrificado trabajo que realizan. Los paradigmas de éxito en el ministerio son confusos. Trabajar con gente no es fácil. El ministerio ni siquiera fue fácil para Jesús! No hubo un solo día en sus tres años de ministerio en que el Señor no tuviera que enfrentar oposición y crítica. Me temo que muchos pastores y líderes tienen unas expectativas de sí mismos y del ministerio poco realistas. Entonces se olvidan que tienen una vida… y una familia. Este trabajo no se puede hacer sin pasión y sin alegría. No se puede hacer solo ni se puede hacer compitiendo con otros. Pero tampoco se puede hacer agotado. Hay que descansar, hay que mantener una vida espiritual fluida, hay que rodearse de gente fiel, hay que hacer ejercicio y comer saludable, hay que amar la visión y la tarea pero hay que dejar los resultados a Dios. “Yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía, y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite.” (Deuteronomio 11:14)

Comentarios

  1. Muchas gracias Hno. Andrés, sin duda esto es verdad. Apreciamos mucho su exposición y comunicación propia de esta verdad.
    Comuniquemos, cuidemos, ayudemos, apoyemos a los pastores que son blanco del enemigo.
    Dios nos guarde y nos lleve en Su propósito.
    Bendiciones.
    Rafael I. Arvizu
    Pastor

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