LOS LÍDERES Y LOS MODOS

Tuvimos una generación de líderes que no cuidaron los modos. Cuidaron sus puestos. Por eso maltrataron a la gente que amenazaba sus puestos. La cultura del Gran Jefe: ejercer todo el poder que la posición les permitía. Fueron conscientes de su autoridad jerárquica, pero fueron no fueron conscientes ni del mal que hacían ni de lo solos que se iban quedando.
Los modos, los malos modos, contradecían los valores más básicos de la fe de la institución que los había colocado en posiciones de mando. No puedo decir de liderazgo, porque liderazgo es otra cosa. Solidaridad, amor, compasión y misericordia fueron palabras proscriptas en el código cotidiano de una generación que amó la institución más que a las personas que la componen. Ellos imponían las decisiones. Ellos quitaban y ponían reyes. Ellos caminaban con paso fuerte y sonreían poco. Ellos escribían cartas con la precisión de un cirujano y la gente que las recibía lloraba. No esperaban que se les reconociera autoridad, la instauraban. No cuidaron lo modos y perdieron a los amigos. Los cargos, todo los cargos, tienen fecha de vencimiento. La memoria no. Cuando ya los caciques perdieron las plumas no tenían tribu. Una cosa es tener súbditos y otra tener discípúlos. Los discípulos no siguen a un gran jefe, siguen a un maestro. Los líderes de verdad todavía tienen influencia cuando ya no tienen el cargo. Los líderes de verdad no acaban su carrera llenos de diplomas, sino llenos de amigos. Los líderes de verdad guardan los modos. Tratan bien a la gente, sonríen y consideran a los demás como superiores a sí mismo. Dirigen sirviendo, lideran viviendo. Por ahí, todavía pululan pichones de caciques. Tenemos que aprender. El carpintero de Nazareth siendo Rey se hizo siervo y la mayor conferencia sobre liderazgo la dio un día con un recipiente de agua y una toalla.

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